Tuesday, June 16, 2009

Cap. 6, Bochorno - Democracia Bastardeada

Bochorno

Monarquía en curso*, sin límite para sus autosatisfacciones, produce y nos sumerge directamente el absurdo: haber adelantado a este mes de junio las elecciones legislativas que debían ocurrir en octubre, y agregarles el disparate de inventar “candidaturas testimoniales”, de gente que no asumirá pero que su inclusión en las listas “asegura” votos, un circo con participación de gobernadores e intendentes en ejercicio y de personajes del espectáculo. Mamarracho constitucional que chapotea en forzados vericuetos de legalidad, bochorno sólo posible por no existir independencia entre los tres poderes del Estado.

Se trata, precisamente, del gran temor de la “monarquía” de perder el control del Poder Legislativo, perder la mayoría en ambas Cámaras, que le permite aprobar cuanto quiere el Ejecutivo, con prepotencia que invalida el debate y a “libro cerrado” inclusive.

El absurdo se extiende al uso y abuso de las mentiras y verdades a medias vertidas con descaro desde palcos oficiales o de campaña electoral. Lo que importa es la manipulación a todo nivel y al costo que haga falta; desde el manejo del clientelismo en medio de la pobreza o cautivo vía empleo y afiliación; pasando por el apuro de mostrar actividad y obras que no importa como se hagan pero que se vean antes de las elecciones; o por los discursos grandilocuentes en el exterior que sólo se leen en el país y para eso sirven; hasta pretender que la inseguridad es una “sensación”, o creer en el INDEC a pesar de cuanto aumentan nuestros gastos en alimentos y servicios. Es la manipulación y el derroche de dinero en ella la determinante del resultado de las elecciones, es el falseamiento de la voluntad ciudadana.

Si tuviésemos tres Poderes del Estado independientes, la sola mención de intento de adelantar las elecciones habría tenido un rechazo instantáneo institucional y social; los “testimoniales” habrían sido una insensatez inaudita. Pero así nos va con la continuidad hegemónica de un partido político en el gobierno: en 26 años de democracia, lleva 18 años en la Nación y 20 años en la provincia de Buenos Aires, por dar sólo dos ejemplos.

Las elecciones del 29/06/06 en Misiones** fueron una esperanzada luz verde. El voto “no positivo” del 17/07/08 no quedó en más que un atisbo de autonomía congresista. Debería ocurrir este 28 de junio de 2009 una lección ciudadana en las urnas; se trata de lo esencial para nuestra salud republicana: nada más y nada menos que, recuperar la independencia del Poder Legislativo.

* Ver en este blog: label monarquía / “Monarquía”
* Ver en este blog: label defensa democracia / “¡Misiones, Salud!”

16/06/09
Jorge B. Hoyos Ty.
ainda@netverk.com.ar

Saturday, July 19, 2008

Cambio Climático

La Tierra viene evolucionando desde hace 2.000 millones de años con grandes transformaciones en los continentes, los niveles del mar y la atmósfera que, inicialmente, tenía anhídrido carbónico (CO2) y carecía de oxígeno. Se desarrolla la fotosíntesis y comienza a generar elementales formas de vida y a entregar oxígeno a la atmósfera. La vida evoluciona hasta lo que conocemos hoy, mediante un equilibrio natural llamado “Ciclo de Carbono”.
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Este ciclo comprende una cantidad de CO2 en la atmósfera que produce un “efecto invernadero” y mantiene el calor necesario para todas las formas de vida. Desde 1750, Era Industrial, el hombre está quemando combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y entregando a la atmósfera más CO2 del necesario naturalmente. Así, cambia el clima, aumenta el efecto invernadero natural y provoca el “calentamiento global”.

Los Gases de Efecto Invernadero (GEI) antropogénicos, además del CO2, son: Metano, Oxido Nitroso, Freones, Perfluorurocarbono y Hexafluoruro. Más de la mitad de los GEI son producidos por el suministro de energía (26%), la industria (19%) y el transporte (13%); además: deforestación 17%, agricultura 14 %, edificación 8% y basura + aguas cloacales 3%.

En 1750 la atmósfera tenía 280 ppm (partes por millón) de GEI, en 2007 383 ppm y en 2040, al ritmo exponencial con que sigue creciendo, tendrá 450 ppm. Éste es un límite de no retorno, que no se debe alcanzar, por los irreparables daños que ocurrirán en el planeta.

El Cambio Climático eleva la temperatura media de la Tierra, derrite los glaciares, aumenta el nivel de los mares, daña los ecosistemas y atenta contra la vida en general; efectos ya visibles, de los que se tiene documentación científica y fotográfica, en todos los continentes y en el mar. La temperatura y el nivel de los mares seguirán aumentando en el siglo XXI y será de forma irreversible si no se logra, como hasta ahora, detener y revertir la producción de GEI.

Diversas acciones nacionales e internacionales tratan de combatir el Cambio Climático, siendo la más importante, desde 1988, el “Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático” (IPCC) de las Naciones Unidas; sin embargo, reuniones cumbre y protocolos mediante, el resultado es irregular y sin contundencia, a pesar de 20 años de precisa información científica a los gobiernos del mundo sobre causas, efectos, impactos, adaptación, mitigación y perspectivas de largo plazo del Cambio Climático.

A partir de sentencias públicas que reconocen al Cambio Climático como “una amenaza urgente para la paz y la seguridad internacionales” y que hace falta “una revolución económica y política” para enfrentarla, considero necesario, entre otros: dar prioridad a los sectores que generan más GEI (producción de energía, por ejemplo); deshacer el macrocefalismo (caso argentino) que ocasiona un funcionamiento ineficiente de país (energético inclusive); hacer Reforma Agraria para conservar la calidad de la tierra, la autonomía alimentaria (en lugar de biocombustibles), y retener población rural; desalentar el uso del automóvil con sistemas eficientes y confortables de transporte público; prevenir las inundaciones del mar con zonificaciones específicas de mayor a menor riesgo, con planes definidos de acción para la sociedad, evacuaciones inclusive. En tal sentido, siguen faltando las decisiones políticas, las acciones de gobierno nacionales e internacionales concertadas, para conjurar la amenaza. Los políticos no pueden seguir perdiendo tiempo. ¿Se espera, acaso, para actuar, que comiencen las guerras por tierras de subsistencia, agua dulce, alimentos o por recursos estratégicos?

Para defender la vida sobre el planeta en general y la de nuestra especie en particular creo útil comprender su fragilidad: vivimos en un rango de +/- 40ºC, en un universo que alberga millones de grados de temperatura; nuestro tamaño es ínfimo sobre la Tierra, ésta es otro tanto con respecto al sol y éste es casi nada frente a Antares, por ejemplo; el sol recorre su órbita en 220 millones de años, 2.000 millones de evolución de la Tierra apenas han significado 9 vueltas del sol y, por acompañarlo en ellas, dentro del sistema planetario, nosotros no estamos nada quietos, nos estamos moviendo a 107.000 km por hora.

El resumen de todo lo dicho se expresa en el esquema siguiente:
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¡Defendamos la vida! ¡No la ofendamos! ¡No la destruyamos!

“Cambio Climático” está desarrollado, completo, en 6 capítulos disponibles para descarga (archivos PDF) en www.aindajbh.com.ar/Clima.htm

Ing. Jorge B. Hoyos Ty.

Thursday, August 02, 2007

Monarquía

En los capítulos 2 y 5 de “Democracia Bastardeada” comentábamos el vicio más reiterado de nuestros políticos que, por todos los medios, intentan y logran perpetuarse en el poder. Lo mejor será recrear lo que fue escrito:

(Cap. 2) “Recordemos que no se trata sólo de la continuidad del presidente o del gobernador, sino de los miles de personas que conllevan sus poderes, familiares inclusive. Cada uno de ellos arma su propia “quinta”, grande o pequeña, donde hace y deshace con la soberbia de quien se siente intocable en años de permanencia. Cuatro años es bastante en la conducción del Estado y en el manejo de sus dineros; ocho años ya es demasiado, tiempo más que suficiente para borrar huellas de transgresiones y hasta para exhibirlas con impune descaro.

Nuestra experiencia dice que a nadie se le puede pedir, exigir o creer que será un buen funcionario, en el nivel que sea, del partido que fuere, con los antecedentes que exhiba y menos con las promesas que haga. La solución está en eliminar la reelección inmediata, manteniendo los cuatro años de ejercicio”.

(Cap. 5) “El primer cuerpo normativo y preventivo es la Constitución Nacional, por ello, debemos ir a ella en busca de atacar la raíz de los vicios. Hemos visto en el Capítulo 2 que la necesidad prioritaria es eliminar la posibilidad de reelección inmediata. Es el mayor de los males, que se manipula y amplía llevando a regresiones feudalistas ejercidas en varias provincias, en incontables intendencias, en el País en varias oportunidades, con formas y pretextos diversos, y con reediciones siempre actuales. Por lo tanto, en virtud del sistema republicano federal, lo que a continuación se diga a nivel nacional, implica proponerlo igualmente en provincias y municipios.

El artículo 90 de la Constitución debería decir: “El presidente y el vicepresidente duran en sus funciones el término de cuatro años y no podrán ser reelegidos o sucederse recíprocamente en un periodo consecutivo. El presidente y vicepresidente no podrán ser sucedidos, en un periodo consecutivo, por parientes de primer o segundo grado””.

Ahora, agosto de 2007, la pretensión continuista se reitera lamentablemente, una vez más. El Presidente de la Nación quiere ser sucedido por su esposa (adivinen, si ocurre, quién sucederá a la esposa). Las cuentas parece que le cierran: un Congreso con mayoría obsecuente, una buena parte de electorado cautivo (tradición y clientelismo) y partidos políticos que, por sí o unidos, no logran una fuerza suficiente de oposición y alternativa.

Elecciones mediante, será un vicio más pero legal, claro (lo importante es convertir cualquier barbaridad en “legal”). Bueno sería, entonces, que nos sinceráramos de una buena vez: no viviríamos más en una república, perteneceríamos a una monarquía.

Es el turno de la Nación: le corresponde dar una lección cívica, como hizo la provincia de Misiones el 29 de octubre de 2006.

Jorge B. Hoyos Ty.
2 de agosto de 2007

Sunday, June 17, 2007

Calentamiento Global ... y Argentino

Indice:

Introducción
Mi opinión
Reflexiones
Final

1 - Introducción

La Comisión Internacional sobre Cambio Climático (CICC) de la UNESCO, en Bruselas, entre más de 2000 científicos y diplomáticos de 120 países, produjo un informe de 1000 carillas sobre Calentamiento Global, que demandó tres años de trabajo y la colaboración de 3000 expertos, para precisar con rigor las afectaciones en todos los ámbitos y formas de vida en el planeta, que ya están ocurriendo y sucederán cada vez en peor medida. Informe dirigido a la humanidad en general y a los gobiernos del mundo en particular, para que reaccionen con medidas apremiantes de mitigación, cambios y prevención, entre otras, también estudiadas y sugeridas por la CICC.

Detalles de dicho informe han trascendido por la prensa durante los primeros meses de este año, un resumen de los que puede leerse en la publicación pdf “Calentamiento Global” del sitio Web http://personales.ciudad.com.ar/aindac/ y son suficientes para darse cuenta de la magnitud de las calamidades que amenazan y la urgencia de enfrentarlas.

Y, siempre es posible acceder al las fuentes mismas de información, visitando los sitios Web de la CICC, de nombre en inglés “Intergovernmental Panel on Climate Change”, ellos son:
http://www.ipcc.ch/
http://ipcc-wg1.ucar.edu/

2 - Mi opinión

La humanidad se encuentra en un punto de extrema gravedad de subsistencia, causada por sí misma y de muy difícil reversión, por cuanto está íntegramente organizada y funciona en base al consumo mayoritario de combustibles fósiles. No se trata sólo de si el ciudadano común cambia el auto por la bicicleta, se trata de los combustibles que en cantidades mucho mayores queman los transportes automotor, los trenes, los barcos, los aviones, los cohetes, la calefacción de casas y edificios, las fábricas, las usinas termoeléctricas. Toda una forma de vida y actividad por el planeta entero sobre redes nacionales, internacionales e intercontinentales de gasoductos y oleoductos.

Los daños que se avecinan son demasiado tremendos tanto por sus magnitudes calamitosas como porque ya no se trata de ocurrencias en siglos o milenios, ahora están apenas a décadas de distancia.

Por ello, únicamente las soluciones técnicas no alcanzan. Las soluciones deben ser políticas, es decir, resueltas por los gobiernos de cada país, de todos los países, coordinadamente. Son quienes pueden y deben preservar la vida en el planeta, reordenando y programando comportamientos sociales, técnicos y científicos en todo el orbe, más allá de los pequeños, grandes y enormes intereses económicos.

Un minuto de reflexión sobre el primer párrafo basta para entender por qué detener la contaminación es un cometido mayúsculo. Sólo aminorarlo progresivamente requerirá cambios sustanciales en nuestros usos y comportamientos, sólo posibles mediante decisiones políticas de gobierno.

Mientras tanto, los gobiernos deben encarar, con urgencia, e iniciar las medidas preventivas que también serán de muy difícil y lenta concreción. Cuando leemos que “con más de 2ºC …el nivel del mar se elevaría provocando la evacuación de ciudades como New York, Tokio o Londres”, puede parecernos exótico y hasta novelesco pero, lamentablemente, nuestra afectación local será igual, para Buenos Aires, Ensenada, Berisso, La Plata inclusive, por ejemplo, y tantas otras poblaciones y ciudades en terrenos llanos, al borde del Atlántico y de los grandes ríos.

No se precisa demasiada imaginación para figurarse cómo avanzará el problema en nuestro entorno. Basta con recordar lo que ocurre con las inundaciones luego de grandes lluvias, cada vez más frecuentes. El agua no se irá en horas o en días, permanecerá semanas, meses (menores diferencias de nivel para escurrimiento, saturación del suelo), después serán años. Se formarán islas urbanas (basta con estudiar las curvas de nivel en cada localidad); sin embargo, no será mucha la suerte de los que queden arriba, se subirán y amontonarán allí los de abajo; las cloacas dejarán de evacuar, la provisión de alimentos y cuantos enseres y servicios circulan normalmente por tierra no llegarán a destino (rutas y calles cortadas); habrá que ir en lancha al supermercado, si queda alguno, o al dentista. Para todo esto y mucho más hay que comenzar con medidas preventivas, cambios estructurales, obras para la nueva situación, criterios migratorios (gentes, barrios, ciudades). De esto deben tratar, con urgencia, las decisiones políticas de gobierno.

3 - Reflexiones

El ciudadano común

Poco puede hacer el buen comportamiento y la mejor voluntad individual del ciudadano común, por cuanto debe subsistir con lo que le provee y le condiciona el sistema. Por ejemplo: podrá reemplazar el auto por la bicicleta para ciertas distancias pero no para muchas otras; no puede dejar de protegerse del frío (quemando combustibles o con electricidad proveniente de usinas térmicas); tiene que consumir los alimentos y usar los aparatos que puede comprar; debe utilizar los servicios públicos que están disponibles. Ante el desastre, sin alternativas, tendrá que actuar con desesperación e instinto de conservación.

Las empresas, desde pequeñas hasta multinacionales, podrán mejorar o reinventar sus producciones pero, lo harán siempre en el marco de sus propios intereses de subsistencia y de beneficio.

Por ello, son imprescindibles las decisiones políticas, preventivas y de cambios progresivos que cubran todo el enjambre económico, tecnológico, científico y social, que le den un nuevo contexto y formas alternativas de comportamiento al ciudadano común.

El Cuarto Poder

Con una realidad de clases políticas con más defectos que virtudes, mayormente preocupadas en el ejercicio del poder por el poder mismo, sea a escala mundial, en un país o en un pueblo; con la más variada gama de sistemas de gobierno desde democráticos y seudo democráticos hasta los despotismos más inverosímiles; con el resultado de las enormes diferencias socioeconómicas que nos aquejan; no es de extrañar que se ocupen nada o muy poco por enfrentar este cercano mal; creo que el periodismo y los medios de comunicación en general son los únicos que tienen la posibilidad de encender y mantener el alerta de mil formas, para que los políticos y los gobiernos no tengan más remedio que reaccionar con la urgencia y dedicación que hacen falta.

La Naturaleza

Los seres humanos vivimos dentro de un margen ínfimo de temperatura y dentro del que ni siquiera somos autosuficientes. Con 20ºC nos sentimos muy confortables. Sobre 25ºC comenzamos a desnudarnos y a necesitar ventiladores y aires acondicionados, hasta un tope natural externo del orden de 40ºC. Por debajo de 15ºC comenzamos a cubrirnos con más ropa y a usar estufas y aires acondicionados, hasta un límite natural del orden de los -40ºC (40 grados bajo cero).

Nos las arreglamos para subsistir en un rango de 80ºC (40 a -40 grados) que nos provee la superficie habitable del planeta Tierra, que tiene una temperatura media de 15ºC..

En la Luna, nuestro satélite y más cercano cuerpo celeste, la tempera de superficie, de día alcanza los 139ºC y de noche desciende a -184ºC, rango de 324ºC. Marte (planeta vecino exterior) tiene, respectivamente, 26ºC, -111ºC, rango 137ºC, y media -50ºC. Venus (planeta vecino interior) tiene una temperatura media de 480ºC.

A su turno, la temperatura superficial del sol es de 6.050ºC (fotosfera) y de 800.00 a 5.000.000ºC (corona); su núcleo termonuclear tiene una temperatura aproximada de 15.000.000ºC (el centro de la Tierra tiene de 4.000 a 5.000ºC)

Vale comentar que existe un “cero absoluto”, por debajo del cual no hay más frío, es decir, ocurre la ausencia total de calor: -273ºC. Por ello “hacia abajo” las temperaturas pueden parecer no tan espectaculares como “hacia arriba” donde la naturaleza brinda cuerpos celestes con millones de grados de temperatura.

Dicho lo anterior, para comprender por qué una variación de apenas 1 a 2 grados en la temperatura media superficial de la Tierra es tan trascendente y puede causar tantos estragos físicos y biológicos. Para asimilar, también, que el ser humano no puede permitirse atentar contra algo tan precario como el exiguo margen de temperatura en que la naturaleza le permite vivir.

4 - Final

No me parece que este escrito exagere nada. He comentando lo que hay que entender cuando el Consejo de Seguridad de la ONU dice que se trata de “una amenaza urgente a la paz y la seguridad internacionales, ante el riesgo de que provoque nuevas guerras, altere fronteras, interrumpa suministros de energía y dispare migraciones masivas”, y por qué Jacques Chirac pide "una revolución económica y política para hacer frente a los desafíos del cambio climático".


Ing. Jorge B. Hoyos Ty.
M. B. Gonnet, junio de 2007

La Constitución Nacional

Si nos preocupa el mal desempeño de nuestros políticos, que no respetan el marco normativo de la Constitución Nacional, incluidos sus afanes oportunistas de reforma en beneficio personal, familiar o partidario para perpetuarse en el poder; si pensamos que la Constitución podría redactarse con algunas mejoras que impidan su mal uso, que dan lugar a formas despóticas y absolutistas de gobierno ejercidas, con descaro, simulando ser democráticas y republicanas; bueno será comenzar por repasar la Constitución Nacional vigente desde 1994.

Por ello y para facilitar su comprensión y alcance, veamos, a continuación, un índice (que suele obviarse en las publicaciones). El texto completo se puede comprar en cualquier librería, y sorpréndase viendo que las normas que rigen nuestra existencia ciudadana, 129 artículos y 19 disposiciones transitorias, apenas se leen en una treintena de páginas (a continuación, las “Declaraciones, convenciones y pactos complementarios de derechos y garantías”, pueden requerir un centenar de páginas más). Los índices son siempre importantes, para tener un panorama general y para ir rápidamente a un tema que se quiera consultar (coloque usted el número de página que corresponda, en su caso).

La Constitución Nacional debería ser nuestro catecismo cívico, es decir, conocerla desde chicos, aprenderla desde el jardín de infantes; así, estaría arraigada en nuestra conciencia ciudadana; naturalmente y sin esfuerzo la respetaríamos; así la defenderíamos siempre y habría en nosotros un rechazo inmediato a cualquier interpretación oportunista o caprichosa. Esto no es ninguna originalidad, lo hacen los países del primer mundo, cuya envidiable fortaleza se apoya en la cohesión interna que sólo puede dar el que todos los ciudadanos conozcan y respeten sus reglas de juego, sus derechos y obligaciones.

Constitución de la Nación Argentina

Indice:

Preámbulo

Primera Parte

Capítulo primero – Declaraciones derechos y garantías
Capítulo segundo – Nuevos derechos y garantías

Título Primero: Gobierno Federal

Segunda Parte: Autoridades de la Nación

Sección Primera – Del Poder Legislativo

Capítulo primero – De la Cámara de Diputados
Capítulo segundo – Del Senado
Capítulo tercero – Disposiciones comunes a ambas Cámaras
Capítulo cuarto – Atribuciones del Congreso
Capítulo quinto – De la función y sanción de las leyes
Capítulo sexto – De la Auditoría General de Nación
Capítulo séptimo – Del Defensor del Pueblo

Sección Segunda: Del Poder Ejecutivo

Capítulo primero – De su naturaleza y duración
Capítulo segundo – Forma, tiempo, elección del presidente y vicepresidente
Capítulo tercero – Atribuciones del Poder Ejecutivo
Capítulo cuarto – Jefe de Gabinete y demás ministros del Poder Ejecutivo

Sección Tercera – Del Poder Judicial

Capítulo primero – De su naturaleza y duración
Capítulo segundo – Atribuciones del Poder Judicial

Sección Cuarta – Del Ministerio Público

Título Segundo – Gobiernos de Provincia

Disposiciones Transitorias

Declaraciones, convenciones y pactos complementarios de derechos y garantías

Declaración Universal de derechos humanos
Declaración Americana de los derechos y deberes del hombre
Convención Americana sobre derechos humanos (Pacto de San José de Costa Rica)
Pacto Internacional de derechos económicos, sociales y culturales y Pacto Internacional de derechos civiles y políticos y protocolo facultativo
Pacto Internacional de derechos civiles y políticos
Protocolo facultativo del Pacto Internacional de derechos civiles y políticos
Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio
Convención Internacional sobre eliminación de todas las formas de discriminación racial
Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer
Convención contra la tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanos o degradantes
Convención sobre los derechos del niño.

Jorge B. Hoyos Ty.
Mayo de 2007

Saturday, November 04, 2006

¡Misiones, salud!

El triunfo del NO en las elecciones para Constituyentes, el domingo 29/10/06, en la provincia de Misiones, al solo efecto de reformar la Constitución provincial para establecer la reelección indefinida del Gobernador y del Vicegobernador, ha sido muy difícil y de la mayor importancia para la Nación.

Muy difícil, porque parecía imposible vencer al enorme aparato oficial, provincial y nacional, decidido a imponer a los candidatos del SI, utilizando propaganda, presiones y trampas de todo tipo, desde entregar dinero hasta hacer votar a los muertos.

De la mayor importancia para la Nación, porque es una decidida defensa del sistema democrático, un rechazo firme a la absurda pretensión, regresiva y absolutista, de imponer la reelección indefinida. Pretensión lamentablemente vigente en varias gobernaciones e incontables intendencias. Esta vez, el pueblo dijo “¡basta!” en una provincia y con repercusión nacional.

Trascendencia nacional que, en lo inmediato, debería servir para impedir intentos parecidos en otras tres provincias: Jujuy, La Rioja y Buenos Aires. Pero los vicios, las malas costumbres y la desfachatez están demasiado arraigados en el ejercicio político, como hemos visto en “Democracia bastardeada”, para que el “efecto Misiones” sea correctivo y perdure. No obstante, en buena hora, transcurridos cinco días, parece que Jujuy desiste.

Lo mejor para todos nosotros, en cualquier rincón del país, sería que el ejemplo de Misiones se mantenga en el tiempo, enseñando a hacer respetar el sano funcionamiento de la República. Y no únicamente a través de una coalición frente al poder hegemónico sino, también, por la decisión firme de cada ciudadano, dentro o fuera de un partido político, en cualquier circunstancia, de rechazo a toda pretensión que intente vulnerar la democracia.

Idealmente, el efecto correctivo debería multiplicarse, no sólo para impedir nuevos intentos sino para desmantelar los que ya están en ejercicio. De todos modos, es una fortuna para la Nación poder contar con esta magnífica experiencia provincial; por ello, es lo menos que podemos decir: “¡Misiones, salud!”


Jorge B. Hoyos Ty.
Noviembre de 2006

Saturday, October 21, 2006

Cap. 5, Concluyendo - Democracia bastardeada

En los capítulos previos, hemos visto algunos vicios, absurdos y nepotismos que están pisoteando la democracia, alertas de humor inclusive. Continuar en tal presentación sería interminable. En cambio, me parece que lo mostrado es suficientemente representativo y permite ensayar algunas conclusiones.

¿Qué País, qué Nación, queremos? Pregunta recurrente, que suele agotarse en sí misma diciendo: “lo que pasa es que no sabemos qué País, qué Nación, queremos”. Tendríamos que responderla mediante un compendio de soluciones para cuantos problemas y necesidades existen, como, por ejemplo: política exterior con Afganistán, Alemania o Chile; desarrollo del sistema energético en el País; terminar con el analfabetismo; erradicar el mal de Chagas; tipo de cambio: pavimentar calles; etc., etc. (es lo real y concreto, después de los “acuerdos programáticos”, las “banderas” y los discursos). Una tal respuesta que parece infinita a nivel individual, no lo es para el Estado y los partidos políticos en ejercicio democrático y en tarea efectiva, es su obligación.

Más sucintamente y trascendiendo cualquier filiación política, uno quiere decencia para su Nación, para su País, donde no ocurran despropósitos como los repasados en los capítulos anteriores (y, ni hablar de las barras bravas, patotas y mafias politizadas). Vale la pena recordar lo que dice el diccionario. Decencia: “Aseo, compostura y paramento, correspondientes a cada persona o cosa. Honestidad, recato. Gravedad y decoro en las palabras y acciones, según el estado y calidad de las personas.” Decente: “Honesto, justo, conforme a la decencia. Conveniente al estado o condición de las personas. Limpio y ordenado aunque sin lujo. Digno, que obra y procede dignamente. Bien portado; que se trata y viste con decoro. De buena calidad o condición o en cantidad suficiente.”

Claro y sencillo de entender. Uno quiere ciudadanos decentes, funcionarios decentes, políticos decentes. Uno quiere empresas decentes, explotaciones agropecuarias y mineras decentes, ciudades decentes, barrios decentes. Uno quiere decencia en todas las manifestaciones de su sociedad.

Cierto es, los indecentes seguirán existiendo. Entonces, para ellos debería suceder, sin escamoteo, desde la condena social hasta la sanción de la Justicia. Ahora bien, los cuerpos normativos tienen también efecto preventivo, es decir, todos sabemos qué está bien y qué no, las indecencias no son inocentes. Sin embargo, somos testigos, en un extremo, que no siempre lo legal se corresponde con lo justo (típico de los dictadores que modifican o inventan leyes que legitimen sus arbitrariedades), y en otro extremo, que se le busque la vuelta a una ley para interpretarla de otra forma o eludirla (típico de los que quieren reelegirse más de una vez y, peor aún, a perpetuidad).

El primer cuerpo normativo y preventivo es la Constitución Nacional, por ello, debemos ir a ella en busca de atacar la raíz de los vicios. Hemos visto en el Capítulo 2 que la necesidad prioritaria es eliminar la posibilidad de reelección inmediata. Es el mayor de los males, que se manipula y amplía llevando a regresiones feudalistas ejercidas en varias provincias, en incontables intendencias, en el País en varias oportunidades, con formas y pretextos diversos, y con reediciones siempre actuales. Por lo tanto, en virtud del sistema republicano federal, lo que a continuación se diga a nivel nacional, implica proponerlo igualmente en provincias y municipios.

El artículo 90 de la Constitución debería decir: “El presidente y el vicepresidente duran en sus funciones el término de cuatro años y no podrán ser reelegidos o sucederse recíprocamente en un periodo consecutivo. El presidente y vicepresidente no podrán ser sucedidos, en un periodo consecutivo, por parientes de primer o segundo grado”.

Igual e indispensable restricción de tiempo, reelección y sucesión correspondería introducir para los diputados (art. 50), los senadores (art. 56, donde, notablemente, no sólo se les asigna seis años sino la facultad de reelección indefinida) y el defensor del pueblo (art. 86).

Si sólo se concretaran estas reformas ya habría ganado enormemente la salud de la Nación. Sin embargo, hay otras igualmente indispensables.

En el Capítulo 1 vimos la ausencia lamentable de independencia de los Poderes. Esto es particularmente grave en el caso del Poder Judicial, para el que, la propia Constitución le asigna dependencia de los otros poderes, Ejecutivo y Legislativo. El art. 99 inciso 4 dice, como atribuciones del Poder Ejecutivo: “Nombra los magistrados de la Corte Suprema con acuerdo del Senado por dos tercios de sus miembros presentes, en sesión pública convocada al efecto” (notablemente, sólo interviene el Senado con sus miembros presentes a una reunión). El inciso sigue con el nombramiento, también, de los jueces de los tribunales inferiores federales a propuesta del Consejo de la Magistratura.

Algo tan fundamental, tan irremplazable, para el ejercicio democrático como la independencia de los Poderes del Estado, requiere para el Poder Judicial una legitimidad de origen igual a la de los otros dos. Un presidente y un vicepresidente de la Corte Suprema deberían ser electos por cuatro años (con las mismas restricciones de tiempo, reelección y sucesión ya citadas). Además, un Poder Judicial con autonomía económica, sin la dependencia actual de partidas asignadas mediante el Ministerio de Justicia del Ejecutivo.

¿Para qué hacen falta tantos legisladores y por qué la Nación tiene que estar sumergida en elecciones cada dos años?

El art. 45 debería decir “uno por cada doscientos mil habitantes” (daría 180 diputados para 36 millones de habitantes, todavía un número grande pero menor que los 257 actuales). El art, 54 debería estipular “dos senadores por cada provincia y dos por la ciudad de Buenos Aires … correspondiendo una banca tanto al primero como al segundo partido en número de votos” (la mayoría de un partido, en esta cámara, se lograría por número de provincias ganadas y quedaría asegurada una mayor presencia de los partidos minoritarios).

Un solo proceso eleccionario cada cuatro años, en todos los estamentos del Estado, sería suficiente, sustentado en la plena participación de los partidos políticos. Cada partido político debería explicitar detalladamente, en su respectivo ámbito (nacional, provincial o municipal), desde sus principios hasta sus objetivos concretos de gobierno, a cumplir por sus candidatos. La ciudadanía debe votar fundamentalmente por una plataforma de partido, para cuyo mejor cumplimiento el partido habrá elegido a su candidato. Por el contrario, es un absurdo lo que nos ocurre, se nos lleva a votar por promesas personales que no sólo no se cumplen sino que hasta se ejecutan al revés; el partido de origen sólo sirve como máquina electoral y no como sustento programático y conocido de gobierno.

La responsabilidad primera de gobierno debe ser de un partido político, no de una persona. Se elige a una persona, tal el sistema, pero ella debe ser ejecutora de la política explícita y conocida de su partido. La Nación no puede estar pendiente de las buenas o malas decisiones políticas de una persona. En el caso de los legisladores, la responsabilidad de los partidos políticos hace innecesaria la pretendida continuidad de proyectos mediante la renovación fraccionada de los miembros de las cámaras (origen del ajetreo político cada dos años).

Estas y otras consecuentes reformas constitucionales, nacional y provinciales, nos conducirían a una Nación y a un País mejores. Pero, ¿quién las haría? ¿los que están disfrutando del ejercicio del poder? ¿permitirían, siquiera, que avance una tal iniciativa?

Tal reforma constitucional debe ser sustentada, propiciada, lograda y defendida en el tiempo por uno o más partidos políticos, idealmente por todos los partidos, que se ponen de acuerdo en lo fundamental, en las reglas de juego, en la decencia de todos los actos públicos. Sobre tal base, firme, respetada y consolidada, cada partido participaría, democráticamente, según sus principios, sus ideales, y lo que considere de mejor ejecución para la Nación. Es este acuerdo lo más difícil, pero también la única forma de corregir el fondo moral dañado de la República.

De otro modo y sin tal sustento político, sólido en el tiempo, en el supuesto de lograr la constitución ideal, a cualquier futuro adicto al poder, se le podría ocurrir cambiarla en su beneficio; todo lo que tendría que contar, como ocurre ahora, es si tiene un Poder Legislativo obsecuente y, si sus votos cautivos más sus clientelismos y una enorme campaña publicitaria le otorgarán, también, un Congreso Constituyente mayoritariamente secuaz.

La Nación no puede consumirse en contiendas intestinas, en personalismos. Otras Naciones han superado sus desgracias con acuerdos multipartidarios y emergen con decisión y fuerza envidiables. La Argentina puede y debe hacerlo, de lo contrario, continuará con sus falencias y, además, será testigo de su estancamiento y retraso con respecto a otros Países de la tierra, vecinos inclusive.


Jorge B. Hoyos Ty.
Octubre de 2006

Sunday, August 20, 2006

Cap. 4, Para amenizar la reunión - Democaracia Bastardeada

Recordemos tres chistes muy conocidos:

Primero

Juan viaja al primer mundo y visita a su amigo John. Queda admirado de su riqueza; una casa fantástica con todas las comodidades imaginables, piscina interior temperada. Cómo puede ser que tenga tanto dinero. "¿Ves esa autopista que pasa por allá? Es mía", explica John.

John devuelve la visita y se deslumbra con la opulencia de Juan, una casa impresionante; tiene más dinero que él. "¿Ves esa autopista que pasa por allá? Es mía", explica Juan. "¡Yo no veo nada!", se sorprende John. "Por eso tengo más dinero que vos", responde Juan.

Segundo

Juan le dice a su amigo senador que Juancito es un vago que necesita sentar cabeza con un trabajo.

- No te preocupes, lo nombro mi asesor – responde el senador.
- ¿Cuánto va a ganar por mes? – quiere saber, Juan.
- 20.000 pesos.
- ¡No! ¡Es mucha guita! ¿Qué va a hacer este pendex con tanta plata?
- Veamos – dice el senador –, lo nombro mi asistente, son 10.000 pesos.
- ¡No, no, sigue siendo mucho para Juancito!
- Bueno, bueno, también hay cargos de 500 pesos, pero no ...
- ¿Por qué, no?
- Porque, para esos cargos, hace falta título universitario.

Tercero

En la Exposición Rural de Palermo, entrevistan al senador, hombre de campo si los hay:

- ¿Qué piensa de los toros, senador?
- Que se han hecho para servir a las vacas.
- ¿Y, de los políticos?
- Que se han hecho para servir a la patria.

Acidas ocurrencias del imaginario popular, una verdadera pintura vernácula.

Jorge B. Hoyos Ty.
Agosto de 2006

Cap. 3, Absurdos - Democracia bastardeada

Vivimos sumergidos en absurdos que por repetidos nos parecen normales o, en el mejor de los casos, si reparamos en ellos, rápidamente los perdemos de vista en el cotidiano devenir azaroso. Veamos sólo dos.

Las huelgas, los piquetes, ¿para qué se hacen? Entre otros, para protestar por una injusticia social, por un derecho conculcado. ¿Ante quién se hacen? Ante la opinión pública; ante la ciudadanía que en distintas circunstancias y lugares toma contacto con los manifestantes; ante los medios de comunicación que difunden los eventos.

Pero, ¿quiénes tienen que tomar conocimiento de las protestas? ¿quiénes tienen que hacer algo relativo a ellas, para solucionarlas, se supone? ¿Quiénes? Los funcionarios de las áreas pertinentes del Estado y ... ¿Por qué los funcionarios del Estado se tienen que enterar de tal manera? ¿no deberían estar enterados ya? ¿no deberían conocer los problemas y estar trabajando en solucionarlos o, mejor aún, haberlos solucionado ya? ¿Por qué a los funcionarios del Estado hay que avisarles de los males que ocurren dentro del Estado?

Aún en el caso que la protesta sea contra un ente particular, la huelga debería ser un recurso absolutamente extremo y demasiado raro, porque significaría que ni legisladores advertidos, ni todo un Ministerio del Trabajo, ni siquiera el Defensor del Pueblo, han servido para aportar una solución. Y el colmo de los colmos ocurre cuando los propios trabajadores del Estado van a un paro, entre otros, por sueldos misérrimos o pagos en negro que atentan contra sus jubilaciones.

Costó mucho conquistar el derecho de huelga, recién después de 1850 las Estados occidentales empezaron a concederlo. La constitución argentina lo reconoce en su artículo 14 bis. Pero ha pasado mucho tiempo y no parece que hayamos evolucionado suficientemente para que, por falta de acción de los políticos en función de gobierno, por ausencia del Estado, tengamos huelgas y piquetes por los más diversos motivos, en cualquier lugar, a cada momento,

Y son absurdos sobre absurdos, tales los enrejados y dispositivos policiales con que los funcionarios del Estado rodean a sus edificios, tanto les molestan los reclamos; los representantes del pueblo resguardándose groseramente de sus electores.

La deuda externa argentina es del orden de 140 mil millones de dólares pero ocurre que, simultáneamente, los argentinos (sólo unos cuantos, por cierto) tienen en bancos del exterior 110 mil millones de dólares. No hace falta actualizar valores porque esos son los órdenes, es lo que importa (la deuda que se pagó al FMI era de sólo 9 mil millones, por ejemplo). Es ilustrativo saber que un reducido sector de argentinos (particulares, empresas y hasta partes del Estado) tiene fuera del país casi tanto dinero como la deuda externa argentina. Si recordamos, simplemente, que el presupuesto anual de la República Argentina es de 90 mil millones de dólares y el de la ciudad de Buenos Aires 7 mil millones, resulta muy sencillo advertir que son unas enormidades tanto la deuda como lo que tienen fuera un puñado de connacionales.

Ahora, mire Ud. qué sencillo: habrá leído y leerá más de una vez cuando, con bombos y platillos del gobierno de turno, la Argentina consigue un préstamo de sólo centenares de millones de dólares, o del monto que fuera, resulta que, lo único que tienen que hacer los bancos del exterior es ¡¡tomar dinero de los propios argentinos para prestarle a los argentinos!!

Ahora bien, como hace cualquier banco, paga un interés por el dinero que recibe y cobra otro mayor por el que presta, tal su negocio. Pero vea qué cosa, a los argentinos que depositan no les preguntan si es dinero bien habido, robado o producto de coimas, por ejemplo. En cambio, cuando le prestan a la Argentina, le exigen toda suerte de informes, fiscalizaciones (el FMI sigue opinando) y, por si fuera poco, le condicionan el destino de las inversiones para que el dinero vuelva a "los países prestamistas" en conceptos de consultorías, contratos de construcción, maquinarias, etc.

Ya George Canning, estadista inglés en época del primer crédito a la Argentina (gobiernos de M. Rodrìguez y B. Rivadavia, 1820 - 1827) y luego a otros países sudamericanos, lo tenía muy claro, escribió al respecto: "Los hechos están ejecutados, la cuña está puesta, Hispanoamérica es libre y, si sabemos dirigir bien el negocio, es inglesa". Tal cual, y nos va mucho peor, ahora son más los partícipes externos del negocio y, al interior, las élites políticas permisivas se reciclan (la minoría que se enriquece, claro).

Un absurdo continuado y de larga data en el que estamos metidos, pero una maravilla de negocio para el exterior Y siempre el absurdo es mayor, porque de lo que se trata es de seguir administrando de igual forma al país, que no sólo sigue pidiendo más y más plata prestada para cualquier destino, productivo o improductivo, sino que se piden préstamos para pagar préstamos. Encima, eludir o camuflar responsabilidades es lo más a mano. Si Ud. recurre a un banco o a un usurero y administra mal o dilapida el dinero recibido, no puede culpar al prestamista, la responsabilidad es suya.

¿Sabe qué? Ud., honradamente, no podría vivir de prestado pero, resulta que el país sí, nuestros políticos lo llevan por ese camino.

Jorge B. Hoyos Ty.
Agosto de 2006